Witchy Bitchy

Ego feror ab alea.

0 notes

A manera de desahogo…

Tengo cuatro meses en mi actual trabajo y, como dirían mis alumnos, “no estoy soportando”.

Siempre he sabido que el trabajo del maestro es agotador, a veces llevamos pendientes a casa y siempre estamos interesados en el bienestar y aprendizaje de los alumnos; aunque éstos no siempre estén dispuestos a aprender o realizar el mínimo esfuerzo en clase y no mencionaré a los padres de familia, quienes poco ayudan (son raros los que sí).

Tengo casi diez años dedicándome a la docencia y he trabajado en diversas instituciones; pero siempre en clases de educación media superior y superior. En todas hubo detalles; pero no me hacían odiar el trabajo o pensar en no querer ir… bueno, exceptuando en aquella donde la Directora fue un tipo de Tronchatoro que tenía intimidados a todos, hasta con demandas terminó por hacer bullying a los profesores.

En las universidades donde he trabajado siempre se me dio la oportunidad de libre cátedra, era mucho trabajo, incluso cuando un profesor del turno vespertino enfermó, lo suplí con todo gusto, a pesar de que estaba trabajando doce horas; pero mi coordinadora tuvo toda la confianza en mí para dicha labor y yo tenía la confianza de expresarle cualquier cosa, incluso ahora somos buenas amigas. En la otra universidad, en la cual todavía doy clases de forma esporádica, el coordinador siempre veló por el bienestar de todos tanto docentes como alumnos, jamás llamó la atención de alguien de forma grosera y nunca dejó desprotegido a un profesor. 

En mi centro de trabajo actual se vive un microinfierno cada día. Los profesores somos vigilados constantemente por el personal de administración, el subdirector e incluso los alumnos han entrado en esta dinámica; la percepción es la del panóptico o el Gran Hermano y es tal la vigilancia que muchos profesores estamos paranoicos, pues tratamos de ser perfectos para no caer en un regaño que pudiera causar el mínimo error.

Los regaños siempre son de una forma en la que nos infantilizan, nos ponen al nivel de los alumnos, tanto así que éstos amenazan a los profesores con decirle verdad o mentira a la autoridad sobre lo que sucede en el aula. Normalmente el alumno siempre tiene la razón y el profesor está mal.

La carga de trabajo es abominable, al igual que el estrés y angustia. Muchas de las cosas que piden se contradicen por ejemplo, tenemos prohibido el uso del celular, por lo que al llegar a la escuela debemos dejarlo en la oficina del subdirector y sólo se nos devuelve a la hora de salida; sin embargo debemos estar muy atentos de WA por si surge alguna situación, así que nos dieron “permiso” de tener la aplicación en la computadora; pero también se nos restringió su uso en el aula…

Se supone que hay libertad de cátedra; pero nos revisan cada una de las planeaciones y nos asignan proyectos obligatorios sumado a los que ya hayamos planeado, así mismo, en el momento menos esperado, aparecerá el director en el aula de clase por cualquier motivo corrigiendo lo que está mal frente a los alumnos, restando así toda autoridad al profesor. Además, si por desgracia un docente llegara un minuto tarde y sólo uno, no se le permite la entrada; sucede lo mismo si rompe con el código de vestimenta, aunque sólo sean unos zapatos cafés o un saco jaspeado.

Todo lo anterior sumado a la actitud pasivoagresiva del personal administrativo, hacen que cada día lamente tener que ir a la escuela y querer renunciar; pero si lo hago mermaría mi independencia económica hasta que encuentre un nuevo empleo. Así que este texto es el grito agónico de un moribundo, sólo por aligerar la carga, sólo para desahogar y; aunque sé que tal vez nadie lea esto, me reconforta muchísimo poder escribir esto.

Filed under profesor escuela trabajo empleo educativo educación